Así se llevó a cabo el concierto de Primus en la CDMX

enero 21, 2019
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Primus, el legendario y ecléctico trío de poder, regresó a la Ciudad de México para beneplácito de sus fans y el asombro de aquellos quienes nunca habían experimentado su poder en vivo.

Ante un sorpresivo lleno del Auditorio Blackberry, considerando que es el primer concierto internacional del año y los bolsillos siguen algo golpeados, el local poco a poco se llenaba en sus dos niveles, mientras muchos otros echaban un ojo a la mercancía oficial (y apócrifa) o se hidrataban en la barra de cerveza.

En punto de las 9PM Primus daba inicio al show con “To Defy the Laws of Tradition” desde su primer álbum, Frizzle Fry. Los conocedores estaban felices, además que era la primera vez que pisaba territorio mexicano el baterista Tim Herb Alexander, parte extremadamente fundamental del sonido de Primus.

La canción se extendió más allá de la duración habitual de su versión en estudio además de ligarse con un tema de su nuevo álbum “The Seven”. En la breve pausa, el bajista Les Claypool dio la bienvenida al respetable y anunció que tocarían “una canción muy muy oscura”.

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Desde luego, en el espíritu sarcástico de la banda, eso significaba todo lo contrario pues el tema elegido fue la ultra popular “Winona’s Big Brown Beaver”, mientras se proyectaba detrás de ellos el emblemático video de la canción.

El grito de batalla de los fans no se hizo esperar “¡Primus Suck!, ¡Primus Suck!”, lo cual se ligaba de inmediato con un clásico de culto, “American Life”. El grupo se encontraba prácticamente sumergido en la oscuridad para concentrar nuestra atención en la música y las imágenes en pantalla.

Tim Alexander, a pesar de su reputación, se escuchaba algo disminuido, sin la habitual energía demoledora que lo caracteriza, probablemente a causa de aquellos infartos que lo dejaron fuera de circulación en 2014 y 2016. Les Claypool dejaba el bajo por un momento para pasar con su hermano mayor, el contrabajo eléctrico. Bastaron unas cuantas pasadas del arco sobre las cuerdas para anunciar “Sailing the Seas of Cheese”, con la cual nos fuimos a navegar en oleadas de sonido.

Una pequeña pausa, se hace la oscuridad y de ella emerge Claypool con una mascara de cerdo, lo cual sólo puede anunciar el arribo de “Mr. Krinkle”, la cual arranca un alarido del público, cuya emoción va en aumento al ver el video de la canción. Tim Alexander se queda sólo con sus tambores, creando un vórtice de sonidos que se reproduce en la pantalla detrás de él. Un paseo por túneles psicodélicos desembocan en “Eleven”, otro clásico del Sailing the Seas of Cheese. “Harold of the Rocks” es la que continúa este viaje vertiginoso tras el cual viene un intermedio.

Mientras muchos aprovechan para ir a eliminar los líquidos que han consumido, otros se quedan en la sala para disfrutar de la proyección de varios episodios de Popeye, aquel viejo marinero tuerto y sus constantes líos con Brutus y Oliva Olivo.

Al regresar de la pausa prolongada, Primus contraataca con “Too Many Puppies”, uno de los tracks más populares de la historia del grupo, misma que sorpresivamente es mezclada con otro gran hit: “Sgt. Baker” con la que fue notorio que Tim Alexander se tomó sus vitaminas pues ahora sí atacaba tambores y platillos con todo poder. El público esta emocionado a rabiar. Gritan y saltan por doquier, los cuerpos se bambolean y las cabezas se agitan.

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Es el momento para que brille Larry Lalonde, veterano guitarrista que proviene de la huestes metaleras cuando en los 80 militaba con los padres del Death Metal, Possessed. Hace un solo en el que intenta emular “Eruption”, el explosivo solo de Van Halen y se integra a la cadencia de “Golden Boy”, un contundente track del Brown Album (en el cual no grabó Tim Alexander, sino su reemplazo, Brian “Brain” Mantia). El grupo continuaba alterando el orden del setlist con “Hoindofaman” (contemplada para la primera mitad del show) de su trabajo anterior, Green Naugahyde.

Llegaría el turno de escuchar “Pudding Time”, otro gran éxito de la discografía de Primus que arranca los alaridos de la gente. Aunque “The Heckler” estaba prevista en el setlist, al final fue cambiada por “The Storm”, algo más de su nuevo material, The Desaturating Seven, mismo que en teoría vendrían a promocionar a México. Los coloridos gnomos del álbum conceptual se apoderaron de la pantalla.

La locura continuaba con “Welcome to This World”, otro track desde Pork Soda, que desató algunos bailes poco ortodoxos y el olor a esas hierbas que hacen reír. Primus aceleró el ritmo con una nueva adición al setlist: “Professor Nutbutter’s House of Treats”. Aquello era la locura total, saltos del público y puños levantados al ritmo de la canción pero inesperadamente bajan la velocidad para ejecutar “My Name Is Mud”, con cuya densidad en verdad nos sentíamos como caminando entre pantanos de lodo.

“Over the Electric Grapevine” no dejaba la espesura de las notas y nos paseaba por su viñedo eléctrico. “Jerry Was a Race Car Driver” fue la encargada de cerrar la velada entre alaridos del público que no pensaba moverse de su lugar sin que hubiera una dosis final de este adictivo trío de poder.

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Les Claypool, generoso, volvió al escenario para recetar “Those Damn Blue-Collar Tweekers” mezclada con su intento por tocar “La Cucaracha”, tema que por décadas ha sido asociada con la mexicanidad. En pantalla aparecieron diversos clips de la serie animada de culto Salad Fingers.

Como final-final, la marcha de salida se impuso con “Here Come the Bastards”, que cerró de forma magistral esta larga noche de música ecléctica con la esperanza de volver a ver a esta legendaria banda muy pronto.

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