¡Ya supérenlo! Pero no lo hemos superado

diciembre 20, 2018
Peña Nieto

Un poco a destiempo, pero aún a buena hora, llega esta reseña del libro de Daniel Camacho, el caricaturista que recopila sus cartones del sexenio de Enrique Peña Nieto y, con ello, rescata seis años de reflexión y metidas de pata.

Para nadie es un secreto que Peña Nieto y su gabinete dieron muchísimo de qué hablar, como menciona José Woldenberg en el texto que enmarca su respectiva selección de dibujos: “En ocasiones parece que nuestros políticos trabajan para los caricaturistas.” Y en efecto, quizá ningún presidente, en toda la Historia de México, se dedicó tan concienzudamente a inspirar, tanto caricaturas, como memes, videos y demás parodias.

En un país donde durante los doce últimos años se ha desatado la violencia, y la tragedia es el pan de cada día, hacerle frente con la burla, el humor y por supuesto la caricatura, es una hazaña, pero también un shock directo al cerebro, pues a veces una imagen puede ser más poderosa que las letras para incitar a la reflexión.

No obstante, el libro de Camacho está dividido cautelosamente por temáticas y cada una está intervenida por el texto de alguna pluma reconocida, entre ellas destacan: Roberto Zamarripa, Guillermo Fadanelli, Alexandra Zapata Hojel, José Woldenberg y Guadalupe Loaeza, entre otros.

El joven maravilla

El trabajo artístico de Camacho es impecable, aunque frecuentemente sórdido y perturbador, puesto que desafortunadamente, al final es el mismo sabor que nos deja en la boca el sexenio de Enrique Peña Nieto. Como afirma Guillermo Fadanelli: “… el escarnio que hace sobre nuestra casa rota y extraviada (el país; el lugar habitable, la esfera que nos contiene y nos cobija) resulta macabro porque es una síntesis de la realidad trastocada por el arte.

Pasar los ojos por este libro es un ejercicio de memoria y una revaloración del tiempo pasado que nos mueve en dos direcciones: hacia la tristeza del 19s y Ayotzinapa o hacia la hilaridad de la pelea circense en la que se convierten los albores electorales e incluso la corrupción, que de tan cínica, nos parece surreal.

Sin duda, ¡Ya supérenlo!, que como todos recordaremos alude a una de las tantas frases que el expresidente nos obsequió, no sabemos bien si para reír o para llorar, es utilizada por Camacho para resignificarla un poco y ayudarnos a hacer catarsis mediante la risa, pues uno no puede sino recorrer el libro con los diversos gestos de don Enrique, que se nos van apareciendo en la mente como en aquellas fotos de familia, mismas que colgadas por encima de un sillón, muestran las diferentes caras de un lactante en diversas actitudes ridículas y vergonzosas.

En fin, que aún están a tiempo de hacerse de un ejemplar para cerrar el año con reflexión de calidad, como los tamales, hay de verde, de rajas, rojos y hasta blancos -como las casas-, menos dulces, eso sí que no nos dejó don Quique.

 

Peña Nieto

Por Lazezi Santillán

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