Su cuerpo dejarán: un libro para pensar el trabajo

marzo 14, 2019
Su cuerpo dejarán

Poco a poco, a pesar de los duros cuestionamientos sobre lo que debiería, o no, ser considerado literatura, una escritura más íntima, y proveniente de la experiencia de vida, se va abriendo paso para dejar atrás los viejos y anquilosados cánones. Es el caso del libro de Alejandra Eme Vázquez, quien no sólo reflexiona sobre su experiencia con lo doméstico, sino con muchas otras cosas que circundan el tema.

Alejandra Eme Vázquez

Para hablar del ensayo, Su cuerpo dejarán, es necesario empezar por la presentación, misma que tuvo lugar el sábado pasado en Casa Tomada; no sólo fue un evento extraordinario, en el sentido literal de la palabra, sino divertido, puesto que rompió el ambiente intelectual que frecuentemente adoptan este tipo de celebraciones. En el estrado estuvieron la autora, Alejandra Quiroz, Alaíde Ventura y Brenda Navarro (vía remota, en video).

 

Todas compartieron su nivel de involucramiento en el proceso de escritura del libro, entre lo cual estuvo sugerir una canción a la autora, misma que, pensaban, se llevarían para acompañar la vejez, mas nadie esperaba que para ilustrar dicha remembranza habría karaoke. Sí, leyó usted bien: Ka-ra-o-ke. Porque también es necesario pensar la “cultura” desde otros ángulos, menos tradicionales.

 

Por otra parte, el texto de Alejandra Eme Vázquez, aborda la dificultad de inmiscuirse en el trabajo doméstico y del cuidado, desde la postura de alguien que imaginó otra cosa para sí y, de pronto, se vio en la necesidad de que hacerse cargo de Abuela se convirtiera en su forma de ganarse la vida, ante el creciente ambiente de precarización que vivimos miles y miles de personas, pues habitamos un país en el que cada vez es más difícil crecer laboralmente.

Su cuerpo dejarán

La autora se cuestiona, por ejemplo, cómo enfrentar el choque de un nuevo trabajo, en el cual “la noción de éxito no significa absolutamente nada.” El libro arranca con una pregunta espeluznante para muchos de nosotros: ¿Su trabajo existe? y a continuación presenta un breve cuestionario que permite medir qué tan visibles son las labores hoy en día.

 

Pensadoras como Silvia Federici han defendido la postura de ver lo doméstico como un trabajo que debe ser remunerado, no obstante Alejandra Eme nos pone al tanto de que, en ocasiones, eso no es suficiente, sobre todo cuando se trabaja dentro del ámbito familiar: “…de pronto decir “estoy escribiendo un libro” es el único escudo para negociar el trabajo doméstico que se ha convertido en mi deber asumido.”

 

Los roles de género son inevitablemente abordados, porque como nos relata la autora, el terreno de la cocina y de los afectos es frecuentemente asumido como exclusivamente femenino: “Las visitas a su casa [de Abuela] son un clásico de la retribución emocional; para quienes somos mujeres, estas visitas consisten en llegar a casa a ayudar a las tareas de la cocina y servir la comida, mientras que los hombres colaboran depositando su gloriosa humanidad en algún sitio para que se les admire y se les rinda tributo.”

 

Por último, el tema de la vejez aparece desde dos perspectivas: la de quién cuida a una persona que va perdiendo su autonomía (y esto permite a quien escribe acceder a un plano desconocido y poco pensado dentro de una sociedad que suele adular la productividad del adulto) y, por otra, la mirada de quién empieza a imaginar el momento en que la autora misma sufra el peso de la edad: “…mi propia acumulación de años me hace querer parar el tiempo y ubicarme en algún sitio en el que pueda pensar en mi vejez de una manera más promisoria…”

 

En resumidas cuentas, el libro de Alejandra Eme Vásquez, editado por El Periódico de las Señoras, en colaboración con Enjambre Literario y Kaja Negra, es ante todo un ejemplo de buena prosa y una necesaria reflexión sobre lo indispensable de nombrar los trabajos cuando éstos parecen diluirse en el amor familiar, sea éste real o forjado mediante un discurso perverso de “ponerse la camiseta” o “ser como de la familia”, pero a al final, siempre hay un sacrificio de por medio que difícilmente se ve retribuido.

Por Cecilia Santillán

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