La fosa del agua: historias que reclaman ser contadas

diciembre 24, 2018
feminicidios

En 1925 Max Brod dio a conocer El Proceso, libro de Franz Kafka que, a partir de un ambiente de ensueño, recrea las piruetas e inconsistencias del sistema burocrático de justicia; Josef K debe defenderse de un crimen que desconoce y del que tampoco sabe bien a bien cuál es su mejor defensa. Pero en México, la realidad supera por mucho a la ficción, La fosa del agua, escrito por la periodista Lydiette Carrión y publicado por editorial Debate, describe y rellena lagunas de varios casos de feminicidios suscitados en los alrededores del Río de los Remedios.

Lydiette CarriónLo que describe Carrión parece casi lo opuesto al relato de Kafka, las familias de LAS VÍCTIMAS, no sólo enfrentan miles de trabas para dar con sus hijas, sino que además, tienen que defenderlas de una narrativa policial que las revictimiza  y justifica con ello su desaparición o asesinato, como si esto fuera posible o al menos éticamente correcto, sobre todo si consideramos que la labor de las autoridades es hacer justicia, no justificar delitos.

Piense el lector que un día una mujer cercana a usted desaparece, es una persona muy querida, usted va al ministerio público y pone una denuncia para que la busquen, lo primero que le dirán es que probablemente se fue por su propio pie, que ya aparecerá, que quizá escapó de casa porque andaba en malos pasos, quizá vendía droga, tal vez estaba embarazada y simplemente huyó de casa. “Ya volverá”, le dirán sin siquiera registrar los datos de la desaparecida. En medio de su angustia, usted comenzará un largo peregrinar buscando instituciones que le ayuden a dar con el paradero de la chica. Ésta es nuestra realidad: “Ninguna víctima es buena víctima”.

Lydiette Carrión registra, no sólo estas indignantes acciones (o inacciones), sino que describe de manera puntual cómo operan las redes de trata y narcomenudeo que, al menos en el caso que describe (el de “el Mili”), era operada por adolescentes de secundaria, menores de edad, encabezados por otro joven militar, apenas unos años más grande; como ella misma afirma: “…les dijo que empezarían a reclutar mujeres para vender mariguana y tener sexo con ellas… Cuando comenzaron a tener problemas… decidieron matarlas.” Pero no todas las mujeres asesinadas (niñas, en realidad) cayeron en los engaños de un novio o un amigo, otras simplemente fueron arrebatadas a sus familias cuando hacían su vida normal.

Otro punto fundamental que aborda la autora es la relevancia que toma el papel activo de los familiares en la búsqueda, pues ante las negativas, difamaciones, entorpecimientos, presiones y demás, su propio deseo e incertidumbre los arrastra a tocar miles de puertas e incluso a hacer lo imposible por conseguir algún indició que les ayude a avanzar con la investigación; pues al final, Lydiette explica que gracias a estas hazañas de madres desesperadas se lograron grandes adelantos para la captura de los implicados en, al menos veintiséis feminicidios, sin embargo, éstos fueron condenados sólo por uno: el de Bianca.

Por otra parte, la gran solidaridad que se crea entre las familias de desaparecidos es enorme y generosa, pues saben que cualquier dato puede ser útil para dar con el paradero de otra persona, nos cuenta Carrión: “La enterraron en una fosa común sin aplicarle ningún examen de ADN. Ella le exigió que le practicaran uno. Resultó que no era su hija, pero al menos así habría una prueba para que alguien identificara a la niña de los pies sucios.”

Desafortunadamente, La fosa del agua no es una lectura amena y mucho menos placentera, pero sin duda, es imprescindible para conocer mejor el país en el que vivimos y el gran lío en el que estamos todos metidos; además nos ayuda a salir de la burbuja en la que muchos seguimos encerrados, simplemente porque nuestra realidad, dista de la que aquellos que “crecen de forma marginal… en el aquí y el ahora. Sin áreas verdes, sin seguridad, sin educación de calidad, sin acceso a la cultura, sin poder pensar en un futuro, sin sueños por cumplir.” Simplemente asidos al poder que pueden ejercer sobre otros, mujeres en especial, a quienes consideran más débiles y tan menos persona que pueden meterlas en una bolsa de basura y mandarlas al río del olvido, sin importar si son nuestra Bianca, nuestra Diana o nuestra Mariana.

Mapa feminicidios

 

Mapa M. Selguero Feminicidios

Por Lazezi Santillán

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