¡Feliz cumpleaños, Emily Dickinson!

diciembre 10, 2018
emily dickinson

De Emily Dickinson se cuentan varios mitos, que vestía siempre de blanco, que era antisocial, que nunca salió de su natal Amherst, Massachusetts y que sólo se comunicaba por medio de cartas con sus amigos y familiares.

 

Lo cierto es que nació un día como hoy, pero de 1830, es decir, que cumpliría 187 años; estudió en un seminario femenino de Mount Holyoke, South Hadley y desde los 30 años decidió limitar su contacto con el exterior. Se dedicaba a estar a solas y cultivar su jardín, de ahí que en su escritura aparezcan frecuentemente las plantas o incluso las semillas, sin embargo, en vida sólo publicó unos cuantos poemas, el resto fueron encontrados por su hermana después de su muerte, el 15 de mayo de 1886; en su habitación había mil ochocientos poemas acomodados en un cajón.

 

Las primeras ediciones de su obra fueron hechas por miembros de su familia, pero eliminaron parte del estilo de la escritora, por eso, no fue hasta que un editor de apellido Johnson se dio a la tarea de recopilar los escritos originales, cuando se tuvo una edición mucho más fiel. Emily fue tan grande que incluso, apareció en un capítulo de Bob Esponja, la única ocasión en que Gary habló con su dueño, mientras recorrían una amplia biblioteca.

 

 

Por otra parte, Dickinson nunca se casó, ni tuvo hijos -raro para la época-, sin embargo, parece que su percepción de la vida la dotó de una aguda observación, que no descarta el haber experimentado en carne propia los altibajos de la emoción, escribió cartas sobre la tristeza que le causó la muerte de dos amigos queridos, así como lo que se muestra en el poema que transcribimos para que el lector recuerde o se adentre en su literatura, no le será difícil conectar si es que también ha sentido funerales en el cerebro o en alguna otra parte del cuerpo.

 

Sentí un funeral en mi cerebro…

 

Sentí un funeral en mi cerebro,

los deudos iban y venían

arrastrándose -arrastrándose -hasta que pareció

que el sentido se quebraba totalmente –

 

y cuando todos estuvieron sentados,

una liturgia, como un tambor –

comenzó a batir -a batir -hasta que pensé

que mi mente se volvía muda –

 

y luego los oí levantar el cajón

y crujió a través de mi alma

con los mismos botines de plomo, de nuevo,

el espacio -comenzó a repicar,

 

como si todos los cielos fueran campanas

y existir, sólo una oreja,

y yo, y el silencio, alguna extraña raza

naufragada, solitaria, aquí –

 

y luego un vacío en la razón, se quebró,

caí, y caí –

y di con un mundo, en cada zambullida,

y terminé sabiendo -entonces

Por Lazezi Santillán

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