El tiempo fracturado de Perorata

noviembre 21, 2019
narco

Una de las primeras cosas que se pueden identificar en Perorata, de Luis Felipe Lomelí (Abismos, 2019), es que algo en la percepción del tiempo se fractura.

Luis Felipe Lomelí

Como se anuncia desde las primeras páginas, algunos de los cuentos incluidos fueron premiados con el Gilberto Owen en 2017, razón por la que podría asegurarse que hablamos, al menos, de dos tiempos distintos en la configuración del libro. La narración del autor, por otro lado, es aglomerada y un tanto oscura, lo cual dificulta, en buena medida, el acceso a cada texto. Además de esto, las acciones suceden lentamente y lo importante, muchas veces, se ve a través del detalle; es decir, sólo es sugerido. Entre esta característica y la incomodidad generada por la violencia, el tiempo se ralentiza al grado de quebrarse en un momento determinado.

 

El cuento que inaugura la compilación, “Arandas”, es una historia donde no se congela el duelo sino el momento preciso de la muerte. Ante un cadáver, un hombre no puede asimilar la avalancha de recuerdos/pensamientos que se le vienen encima y, de pronto, le habla al cuerpo inerte como si aún estuviera vivo: “Ahorita vengo, viejita”, porque así es como la violencia irrumpe en la vida, abruptamente, sin que la conciencia termine de entender los hechos. En este sentido, el narrador dice: “Ayer se quebró todo cuando esos cabrones hijos de su reputísma madre lo hincaron a golpes de culata… y así, de rodillas, sosteniéndolo del cabello y la garganta, miró cómo le dispararon a su mujer”.

Perorata

En “Verde es el color que era”, el trasfondo es un tanto similar, salvo que el tiempo sigue corriendo alrededor de los personajes, quienes se esfuerzan por seguir avanzando, incluso cuando sus mentes están ancladas en situaciones particulares: “H”, un vendedor de ropa, y “M”, una mujer que lleva cuatro días caminando, ejecutan un diálogo aparentemente inconexo donde otra vez se desprende el olor de la violencia: “H: -Ellos iban saliendo cuando fue el ataque… / M: -Era verde. Aunque se perdió con el fuego: le prendieron fuego”.

Sin duda, uno de los grandes aciertos de Lomelí lo encontramos en “¿Cuánto tarda un niño en atravesar la calle corriendo?”, el cual se sirve de apenas unos segundos para condensar en angustia una retahíla de pensamientos que van y vienen de la empatía al desprecio. En este cuento que, por supuesto, también nombra el horror del narcotráfico, se puede leer toda la complejidad humana. Para el autor es evidente que, en un segundo, los humanos podemos ser tanto héroes como  seres profundamente egoístas: “¿Y qué hace él allí, Humberto, arriesgando su vida para proteger al hijo de un criminal…?, sin embargo, los niños (quienes a veces suelen pensar menos y actuar más) demuestran que se complican menos a la hora de decidir salvar a alguien.” “-¡Córrele, Santiago!” es la frase que nos regresa el tiempo y vuelve a acelerar la vida.

Para leer Perorata se necesita la misma paciencia que empleamos para leer El luto humanode José Revueltas, el mismo estómago. Pero podemos prescindir de la gravidez filosófica no siempre accesible para todos. Se trata de un libro crudo, cuya lectura, no obstante, es placentera porque es capaz de despertar emociones intensas. Si lo encuentra, querido lector, no dude que vale lo que cuesta.

Por Cecilia Santillán

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