Cuenta cuántos cuentos compras o la industria editorial mexicana

diciembre 7, 2018
Industria editorial

Para nadie es un secreto, ni una gran sorpresa, que México no es (hasta ahora) un país de lectores; no obstante, la lectura es una habilidad imprescindible, pues influye en la concentración, la curiosidad y la capacidad crítica que tanta falta nos hace.

 

Más allá del romanticismo de que la lectura hace a la gente más lista o mejor, debemos observarla como una herramienta que permite el acceso a muchísima información. En los remotos tiempos en los que México apenas perfilaba sus instituciones públicas, no sólo la educación sino, la industria editorial, fue una preocupación primordial en la consolidación de la nación, de ahí que el presidente Venustiano Carranza se ocupara de inmediato de brindar apoyo al desarrollo de editoriales como Cultura o Los Talleres Gráficos de la Nación.

En la actualidad, el Estado mantiene a regañadientes esa línea, pero tenemos por ejemplo la gran paraestatal:  el Fondo de Cultura Económica, sin embargo, seguimos sin poder decir que tenemos algo sólido en materia editorial, pues este sector está en crisis. La mayor parte de los libros que se venden, anualmente, son libros de texto de nivel secundaria, en segundo lugar, están los libros de inglés, le siguen los de primaria y, por último, los de ficción.

Producción editorial

Fuente: Caniem

Durante el sexenio pasado la crisis editorial siguió creciendo, pues uno de los mejores clientes, sobre todo para las editoriales independientes, es el Estado; pero desde 2012 a la fecha, estás compras han disminuido considerablemente, según las cifras de la Caniem (Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana). Por su parte, las librerías también han sufrido el embate, el caso de Educal es alarmante, pues en este momento, debe ya más del presupuesto que recibe, según lo publicado recientemente por el diario español El País.

Parece ser que la administración entrante ofrece un panorama más favorable y conoce ya los planteamientos de la Caniem, pero lo que sería interesante sería empezar a pensar el tema desde la comunidad, desde la ciudadanía misma; es una realidad que los libros son caros, no resultan accesibles para toda la población, no contamos con un buen nivel educativo que permita lo más básico: la comprensión lectora de todos los mexicanos. Entonces, cómo proponer, cómo difundir, cómo compartir, cómo enamorar a los mexicanos de la lectura para que volteen a ver que ésta les ofrece un enorme beneficio, pero además, cómo crear la conciencia de que también hay mucha gente detrás de la elaboración y venta de libros que, no sólo dedica grandes esfuerzos, sino que vive de ello. ¿Qué podemos hacer los que somos un poco más lectores para democratizar la cultura bibliófila?

Devorador de libros

Por Lazezi Santillán

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