Ciento dieciocho años de la muerte de Oscar Wilde

noviembre 30, 2018
Oscar Wilde

Un 30 de noviembre de 1900, murió Oscar Wilde, el célebre escritor irlandés creador, entre otras cosas, de El retrato de Dorian Gray.

Acorde a las ideas que desarrolla en su libro Intenciones, fue un gran dandi y devoto del Arte, según se cuenta, el más logrado de sus personajes fue él mismo.  Desde su perspectiva: “Las únicas personas reales [eran] las que nunca ha[bían] existido…” y el Arte constituía “una animosa protesta”, la manera de enseñarle a la Naturaleza cuál es su lugar en este mundo.

Wilde se ataviaba con exóticos abrigos de pieles, bastón y anillos a los que, supuestamente, daba significados ocultos, igual que a sus corbatines. Decían de él que resultaba desagradable a la primera impresión, pero que en cuanto comenzaba a hablar, esta imagen se desvanecía como el humo, pues resultaba un excelente conversador, tanto que hizo reír a la audiencia en su propio juicio. Y fue esto, tal vez, lo único que le sobrevivió a la debacle, pues después de pasar largo tiempo en prisión, nunca volvió a ser el mismo; ni siquiera como escritor, dado que, en ese sentido, parecía haber enmudecido.

Como él mismo afirmó, dentro de esas paredes había conocido el sufrimiento, pero no era capaz de contarlo, excepto, quizá, en la extensa carta que envió a su amante “Bosie”, más tarde denominada, De Profundis, donde dice: “…si algún párrafo aislado te arrasa los ojos en lágrimas, llora cual lloramos aquí en la cárcel, en donde ni de día ni de noche se ahorran las lágrimas”. “Yo también me forjé ilusiones. Creí que la vida iba a ser una brillante comedia y tú uno de sus encantadores personajes”.

Wilde and Bosie

Wilde and Bosie

Después de cumplir su condena, se reencontró con “Bosie” en Nápoles, pero la desaprobación social y la falta de recursos económicos volvió a separarlos. Según cuenta Javier Marías, murió completamente solo en París, víctima de una infección generalizada que le comenzó en el oído y se esparció por su cuerpo. Pidió champagne y poco antes de morir aseguró con humor, haciendo referencia a su situación precaria: “Estoy muriendo por encima de mis posibilidades.”

Dice Guiseppe Scaraffia que el dandi “no sucumbe a las insidias del amor, se mantiene sin inmutarse en los ritos de la orgía: no sufre remordimientos ni nostalgias.” Nada más falso, ni nada más artístico, pues diría Wilde que el Arte, destrozando las cadenas del realismo, saldrá corriendo a besar los labios de la mentira, porque “la verdad es entera y absolutamente una cuestión de estilo”. Feliz aniversario de inmortalidad, Sebastian Melmoth, feliz aniversario ciento dieciocho de ingreso a la libertad definitiva y feliz barra libre de mimosas.

Por Lazezi Santillán

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